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3 leyendas de terror que te erizarán la piel : Durango

Cultura

3 leyendas de terror que te erizarán la piel : Durango

Apaga las luces, envuélvete en tu cama y prepárate para no dormir esta noche.

México es bien conocido por su gran diversidad de leyendas e historias de fantasmas que envuelven cada región del país. Cada uno de sus Estados cuentan con escalofriantes anécdotas de fantasmas, brujas y apariciones demoníacas que envuelven a sus ciudades en un halo de misterio y horror. A continuación te presento, tres de las más conocidas del estado de Durango. Así que apaga las luces, envuélvete entre las sabanas y disfruta la lectura.

La Monja de la catedral

Cuentan los duranguenses, que cada luna llena se puede percibir la silueta de una monja vestida de blanco en el campanario de la torre izquierda de la catedral. La mujer se encuentra de rodillas contemplando el occidente, orando por el regreso de su ser amado. Dicha silueta, dicen, pertenece a una bella mujer de nombre Beatriz, que a mediados del siglo XIX fue monja del convento de la ciudad.

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Torre de la catedral de Durango – Fuente pendiente

La leyenda cuenta que, al verse los beneficios de la iglesia detenidos a causa de las leyes de reforma, ella, como otros tuvo que abandonar la seguridad del convento, hasta que la situación se solucionara. Durante ese tiempo, Durango fue tomado por las tropas francesas, conformadas por apuestos caballeros. Uno de ellos, después de un altercado nocturno con un joven mexicano, dio con la casa de Beatriz, pidiendo auxilio. Ella le proporciono asilo y después de esa noche ambos jóvenes se enamoraron.

Más adelante, el ejército francés tuvo que emprender retirada debido a ordenes de Napoleón III. Fernando, que era el nombre del oficial del cual Beatriz se enamoró, decidió alcanzar a sus compañeros para resguardar su vida. Marchó entonces, prometiéndole a su amada que en cuanto pudiese, iba a volver para reunirse con ella. Durante el camino, el oficial se arrepintió de su decisión, por lo que volvió a donde su amada. Sin embargo, en medio del camino fue alcanzado por los fusiles del ejercito mexicano, quienes le dieron muerte al joven.

Beatriz, sin saber de esta trágica noticia, permaneció orando por el regreso de su amado. Tan devota era a su deseo, que cada noche se escabullía en la catedral dirigiéndose a la torre, con la esperanza de ver a su amado regresar por el Horizonte. El tiempo pasaba y Fernando no volvía. La tristeza de la joven era tanta como su miedo, pues ahora se encontraba esperando el bebé de aquel hombre que prometió regresar.

Se dice que, a pocos días para el nacimiento del bebé, la desesperación de Beatriz fue tanta que terminó con su vida, tirándose de aquella torre, donde cada noche, esperaba el regreso de su amado.

El alacrán de la cárcel

La historia dice que, en el siglo XIX había en Durango una antigua cárcel en la cual se encontraba “la celda de la muerte”, nombrada así ya que todo preso que era confinado ahí, amanecía muerto. Era tal el misterio que envolvía a las muertes, que los guardias prometían libertad a aquel recluso que encontrara respuesta sobre lo que ahí acontecía por la noche.

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Imagen ilustrativa – Fuente pendiente

Fue entonces que Juan, un joven mexicano fue, sin que el supiera, preso y condenado a muerte debido a una disputa con un hacendado que trataba de robarse a su novia. Los guardias, llevaron entonces al hombre a la celda de la muerte, ofreciéndole como a todos, su libertad y perdón si el lograba resolver el misterio que rodeaba el lugar. Juan, decidido, pidió una vela y una caja de cerillos para pasar ahí la noche buscando encontrar así la respuesta de lo que allí sucedía.

Dieron las 3 de la mañana y el reo empezó a escuchar ruidos extraños dentro de la celda. Para su infortunio, justo en ese momento su vela se acabó. Juan curioso por el ruido prendió entonces un cerillo viendo bajar por el muro de su celda un enorme alacrán. El hombre lo dejo acercarse y en el momento indicado lo atrapó bajo su sombrero.

A la mañana siguiente, los carceleros fueron a la celda esperando encontrarse a Juan muerto. Sin embargo, cual fue su sorpresa que vieron al joven vivo. Fue entonces que Juan, levanto su sombrero dejándoles ver el enorme alacrán, responsable de la muerte de los otros hombres. Así pues, Juan fue liberado y perdonado, reuniéndose después con su amada.

El músico que le tocó al diablo

A principios del siglo XX existió en Durango un famoso músico y compositor de llamado Arturo Lugo, nombre que puede encontrarse escrito en oro en el kiosco de la plaza principal. La leyenda cuenta que la orquesta de dicho maestro era considerada la mejor de todo el norte de México. Tanta era su fama que se daba el lujo de rechazar contratos o solicitudes de aquellos hombres que, a su consideración, eran de aspecto u origen humilde, así pudieran pagar por sus servicios.

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Imagen ilustrativa – Fuente pendiente

Una noche, un hombre sencillo se acercó al maestro, pidiéndole tocar en la fiesta de su hija. El músico, ofendido rechazó la oferta. Uno de sus compañeros le hizo entender que debían aceptar el trabajo si es que la paga se efectuaba, pero el compositor le contesto que debido al gran prestigio y reconocimiento que tenían, podían atender a quienes ellos quisieran. Mencionó entonces que, si el mismísimo diablo se aparecía frente a el solicitando sus servicios, elegante y bien vestido, ellos tocarían en su fiesta.

Una noche llamaron a la puerta de Don Arturo, al abrirla encontraron detrás de ella a un hombre elegante. Este caballero se quito el sombrero y ofreciéndole una bolsa de oro a Don Arturo, requirió los servicios del maestro. La suma era tal que el maestro no dudo en aceptar.

El hombre por su parte, mencionó que esperaba que esa noche tocasen como nunca antes, pues la cantidad que le había dado, lo ameritaba. El maestro sin dudarlo asintió y prometió que esa noche tocarían mejor que nunca. El enigmático caballero, le entregó entonces un papel con la dirección del lugar al que debían dirigirse al día siguiente y sin más se retiró.

Al otro día, los músicos se dirigieron a la casa del maestro para emprender la partida a la dirección señalada. Al llegar, fueron recibidos con gran alegría por elegantes personas que, pese a que el maestro se codeaba con la alta alcurnia de la ciudad, no logro reconocer a nadie. Asumieron entonces que se trataba personas de otras ciudades, por lo cual, sintieron mayor motivación para poner el nombre de Durango y el de su orquesta en alto.

Por ello, en esa velada tocaron mejor que nunca. No fue sino hasta ya avanzada la noche que la orquesta tomo un descanso, y a lo lejos, Don Arturo pudo divisar un rostro familiar. Era su comadre, quien tenia tiempo de haber desaparecido. Él, al acercarse a ella fue informado de que los presentes ahí no eran más que almas en pena, quienes una vez cada tanto eran obligados a disfrutar de un glorioso baile, solo para después ser torturados de las formas mas inimaginables. La mujer le advirtió entonces al músico que debía huir con sus compañeros antes de que se les unieran a tan horrible condena.

El maestro sin dudarlo fue a donde sus compañeros y salieron huyendo del lugar, y no fue hasta llegar a casa del Don Arturo que se percataron que habían dejado olvidado un violín. Al amanecer, los hombres se envalentonaron y se dirigieron a la dirección a la que habían asistido esa noche, encontrándose con las ruinas de una vieja casa, donde vieron recargado el dichoso instrumento.

Tiempo después, la orquesta se desintegró y Don Arturo Lugo murió en la miseria el 10 de julio de 1949.

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